23/3/07

orden en la sala

El hombre de la casa pasó por acá y puso mala cara. Dice que qué me creo yo, ridiculizándolo así, tan alegre y gratuitamente. Le digo que no, que las cosas no son así y que está equivocado: no siempre estoy alegre (el desarraigo y la emigración pueden acarrear terribles depresiones) y la cosa tampoco es tan gratuita. Que vea el negocio que tenemos entre manos: el día de mañana, por aquí pasarán millones y millones de visitantes. Y entonces pondremos muchos banners y muchos auspicios. ¡Y nos haremos millonarios, mi amor!

Lo del ridículo, en cambio, no se lo discuto. Él me dice que primero aprenda a escribir y que después me haga la graciosa. Eso por un lado. Porque además exige derecho a réplica.

–O aparezco yo también ahí en tu blog diciendo lo mio, o agarro y me hago el propio, uno que será la contra del tuyo, y desde ahí te disparo yo a vos y cuento mis versiones, a ver cómo te va.

-No es justo-, le digo. –Primero, porque esto no es un blog y, segundo, porque esto es ficción.

-Ma qué ficción ni ficción. El jardinero existe, Lorenza existe y el Enzo existe!

-Ay, amor, no entendés nada, son nomás disparadores. Elementos de inspiración…


Él termina diciendo que no llame elemento a Lorenza y después se va, se va gruñiendo por lo bajo, como es su estilo.

Los problemas se suscitan. Mi amigo P. dice que no quiere entrar aquí a leer “cosas usadas”, las llama él, y que yo, a él, le escriba textos de primera mano. Para él, mail personal, "y no estas mariconadas del blog".

Mi amiga J. también está ofendida. Me dice que por qué no aparece en el blog tanto como debería y tanto como la realidad lo exige: con un protagónico estelar. Le digo que sí, que claro, que sin dudas se merece eso y mucho más, pero que esto, esto del "blog", es como de ficción, es algo irreal, que no se preocupe...

-Justamente, justamente! Si es ficción no entiendo por qué no podés agarrar e inventar cosas sobre mí. Maravillas, grandes anécdotas, correspondencia que jamás te escribo ni te escribiré porque, la verdad, amiga, ni siquiera te he llegado todavía a extrañar. Y además, hasta bien me hizo que te fueras, figúrate! No sabés el tiempo libre que me queda desde que no hablo tantas boludeces con vos por teléfono. Pero vos igual inventá, inventá todo. Si total, qué importa, quién sabe.


D., por su parte, dice que muy lindo todo, que qué blog tan minimalista, con apenas un textito, unas fotitos y tal, pero que ya, que vamos, que ya cansa, que me deje de joder y que a ver si escribo más, porque acá, si no, no entra ni el loro. Y que de hecho, ya con lo que hay ni él mismo volvería. Con todo lo que me quiere.

S., finalmente, me acaba de preguntar por qué están censurados los comentarios.

¿Estaban censurados los comentarios? Mierda!, con razón no recibía ninguno.


Igual no sé, me parece que vamos a moderarlos. A ver si todavía alguno me hace quedar mal con mi vecina Carmencita, o dice alguna grosería, o cuenta alguna mentirita o (ay!) cuenta alguna verdad...

2 comentarios:

J. dijo...

Punto 1: Toda la vida me quedo con que él sea el autor de su propio blog y desde ahí tire sus cañones. Al fin harían algo realmente nuevo en la Red. O ya existirá? Mirá si logran la primera separación virtual o algún título rimbombante por el estilo?
JUSTICIA -Y WEBLOG- PARA EL SEÑOR DE LA CASA.

Punto 2: A mí no me consta que tanto Lorenza como el jardinero existan. Ahora, no se metan con el Enzo porque preparo las maletas -y una cajita portagato- y parto a buscarlo.

Punto 3: Tiene razón: ¿aprendiste tan rápidamente a someter al servicio doméstico a dichos agravios?

Punta 4: Jajajaja. P. tiene razón. Pero por favor no dejes de hacerlo.

Punto 5: Punto y aparte. ¿Qué tenés que andar ventilando mis reproches? Qué insolente! Decí que fui leyendo-comentando-leyendo-comentando, que si no, no te escribía nada. Punto final

lou dijo...

qué feo que la gente se queje...
a ver si aprenden de una!!!

psss